Aquí como allá, para ayer y hoy...
Aquí como allá, para ayer y hoy... Como todo principio, los silencios se rompen no por la fuerza del sonido sino, por el filo de las palabras que componen la balacera acústica, he allí la situación más significativa en los momentos más humanos. A veces olvidamos el temple de algunas afirmaciones y/o la agudeza innata del glamoroso "no". Es que, no estamos hechos para estar consciente de ello, simplemente lo alcanzamos para luego retroceder sobre nuestros errantes pasos; porque no hay algo más hermoso que sentir fluir la vida después de lograr desligarse de ese sentimiento de dolor. Qué inocencia abrupta y tal vez prepotente aquella que, sigilosamente se nos va perdiendo en cuanto más palabras alcanzamos a conocer, y no porque refiera uno a algún insulto falto de culto o prematuro, si no porque adversamente a las situaciones que confrontamos nos vamos enmudeciendo, callando los gritos del alma para que de un momento a otro, hallamos olvidado que podíamos hab...